Una décima parte de Andorra no tiene ni una carretera, y es el único Patrimonio de la Humanidad del país. Solo se entra a pie, por el mismo camino empedrado de siempre.
Di «Andorra» y la mayoría piensa en compras y en pistas de esquí. Pues bien: la décima parte del país no tiene una sola carretera, no se puede cruzar en coche, y es el único Patrimonio de la Humanidad que tiene Andorra.
La Vall del Madriu-Perafita-Claror son 4.247 hectáreas declaradas por la UNESCO el 1 de julio de 2004, más otras 4.092 de zona periférica de protección. Sumadas, casi una quinta parte del territorio andorrano.
Y no se declaró por el paisaje sin más. Se declaró por el paisaje trabajado: bordes de pastor, bancales, carboneras, caminos empedrados a mano. Un valle que lleva siglos habitado sin que nadie le metiera un asfalto. El 99 % del suelo es comunal —de los pueblos, no de particulares— y esa es buena parte de la explicación.
Toca cuatro parroquias a la vez: Encamp, Andorra la Vella, Sant Julià de Lòria y Escaldes-Engordany. Y desde el centro de Escaldes, que es ciudad, se entra andando.
Perfil a escala de la ida · la vuelta se hace por el mismo camino: 22,8 km en total
Se empieza en la carretera de la Plana, en Escaldes-Engordany, a 1.235 m, y se sube por el GR-7 siguiendo el camino empedrado. Pasa por las bordes de Entremesaigües, Ràmio y la Farga —nombres de un valle que se trabajaba, no que se visitaba— y sigue hasta la cabecera.
Arriba están el estany de l’Illa y su refugio, a 2.488 m. La ficha técnica de Rutes Pirineus da el conjunto en 22,8 km, 1.350 metros de desnivel y 7 horas efectivas, con dificultad notable.
No hace falta llegar hasta arriba. Las tres primeras horas ya son el valle: el tramo empedrado entre Entremesaigües y Ràmio es lo más bonito del recorrido y se puede dar la vuelta ahí sin sensación de haberse quedado a medias.
Mejor momento Accesible, con gente Nieve o deshielo
De junio a octubre. Junio y septiembre son los mejores: agua en los arroyos, el valle verde y sin el calor de agosto. En julio y agosto el camino se anima, aunque nunca llega a los números de las zonas con acceso rodado — precisamente porque hay que andar.
A partir de noviembre la cabecera se cubre de nieve y la cosa cambia de naturaleza. Abajo, en cambio, el tramo empedrado se puede andar casi todo el año.
Esta es la parte más rara y más buena: se llega a pie desde la ciudad. El acceso está en Escaldes-Engordany, en la carretera de la Plana, a un paseo del centro. No hay que coger ningún coche para empezar a andar.
Desde España se entra por la N-145 desde la Seu d’Urgell, o por el Port d’Envalira si vienes del lado francés. Desde Barcelona son unas tres horas.
Si estás por la zona, el otro rincón andorrano que tenemos son los Estanys de Juclar, al noreste, y Os de Civís queda al oeste — ese es España, aunque se entre por aquí.
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