Una plaza porticada del siglo XII con un castillo pegado, casas de piedra y los ríos Cinca y Ara a los pies. El pueblo medieval mejor conservado del Pirineo aragonés para recorrer andando.
Hay pueblos bonitos y hay pueblos que se entienden de un vistazo. Aínsa es de los segundos: desde arriba se ve la plaza Mayor porticada, el recinto del castillo pegado a ella y las casas de piedra bajando hacia los ríos. Está a 569 metros, en el cerro donde se juntan el Cinca y el Ara, y es una de las dos capitales del Sobrarbe, junto con Boltaña.
Su historia está a la vista. El origen del castillo se remonta al siglo XI, cuando la villa formaba parte de la línea defensiva cristiana, y en 1124 el rey Alfonso I le dio carta puebla con el fuero de Jaca. El casco antiguo es conjunto histórico-artístico desde 1965.
La plaza Mayor, de los siglos XII y XIII, con su planta trapezoidal y sus soportales, donde se celebraban las ferias y los mercados. Es el sitio donde sentarse sin prisa.
La iglesia de Santa María, románica, con su portada, su cripta y su torre, declarada Monumento Nacional en 1931.
El castillo y la Torre del Tenente, de planta pentagonal, que dominan el recinto. Y, en la calle, la Cruz Cubierta, una cruz protegida por un pequeño templete, de 1665.
Desde 2015 forma parte de Los Pueblos más Bonitos de España.
Aínsa no depende de la nieve ni de los collados: se puede visitar todo el año. Lo que cambia es la gente. En verano y en los fines de semana la plaza se llena; a primera hora de la mañana o a media semana se recorre con calma.
Aínsa está en el Sobrarbe, al sur del macizo de Monte Perdido, y es la puerta natural para subir a La Munia, al valle de Pineta y a Ordesa. El casco antiguo es peatonal: se aparca fuera y se sube andando.
Si te quedas a dormir, es un buen sitio para organizar un par de días por la zona: tienes cerca el lago de Basa de la Mora y el circo de Pineta.
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